FRENTE AL CAPITALISMO EN CRISIS SOLO HAY UNA ALTERNATIVA: REVOLUCIÓN SOCIALISTA!
   
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  VENEZUELA: Declaración de la LITCI ante la crisis política
 
 
VENEZUELA: Declaración de la LIT-CI ante la crisis política

Declaración de la Liga Internacional de los Trabajadores - Cuarta Internacional 
www.UST.org.ve - www.LITCI.org
 
16/04/2013
 
La crisis política en Venezuela, abierta con la enfermedad y posterior muerte de Hugo Chávez, se profundiza con el resultado de las primeras elecciones después del fallecimiento de quien gobernó el país durante los últimos 14 años.  

Hubo sorpresa. Cuando la mayoría de las encuestas daban a Nicolás Maduro (candidato del PSUV y ungido sucesor de Chávez) una ventaja de entre 10 a 15 puntos, su victoria electoral terminó siendo ajustadísima. Sólo 1,83 puntos separan a Maduro de su rival, el derechista Henrique Capriles; una diferencia de  272.865 sufragios sobre un universo de casi 15 millones de votos. Esta es la diferencia más estrecha en la historia del chavismo, incluso comparada con los 1,5 millones de votos con los que Chávez derrotó al mismo candidato opositor en octubre pasado.

Capriles no reconoce los resultados anunciados oficialmente y exige un recuento de los votos, pues esgrime más de 3.000 denuncias de irregularidades. En un primer momento, el líder opositor convocó a una manifestación frente al Consejo Nacional Electoral y partir de ahí se dio una serie de protestas, algunas radicalizadas que llegaron a atacar locales del PSUV, Mercales (mercados a bajo costo), CDI (Centros de Diagnóstico Integral) y algunas viviendas, todas estas son conquistas de los trabajadores que fueron defendidas de esos ataques por sectores populares y de las comunas. Maduro reaccionó prohibiendo la manifestación llamada por Capriles, denunciando que se estaba orquestando un “golpe” contra el cual prometió “mano dura contra el fascismo” y reprimiendo algunas protestas que cuestionaban la legitimidad del resultado electoral. Esta crisis, hasta el momento, costó 8 muertos, más de 61 heridos y 250 detenidos.
 
Los resultados

Sin dudas el resultado electoral representa una dura derrota política para el chavismo. Para entender esto, es necesario enmarcar los hechos en su contexto. En octubre de 2012, con una participación del 80% del padrón, Chávez venció las elecciones por 10 puntos de diferencia, alcanzando 55,07% y cosechando un total de 8.191.132 votos. Capriles quedó con 44,31%, unos 6.591.304 sufragios. En diciembre del año pasado, vale recordar, se dieron también las elecciones regionales y el chavismo arrasó con la oposición de derecha conquistando 20 de las 23 gobernaciones.

Sin embargo, en las recientes elecciones presidenciales, convocadas a partir de la muerte de Chávez,  el PSUV obtiene 7.575.506 votos (50,78%) y Capriles 7.302.641 (48,95%). La sangría es contundente: con una participación de 79% (casi idéntica a la de octubre pasado), el chavismo pierde casi 700.000 votos  que pasan directamente para Capriles.

El resultado demuestra un desgaste acelerado del chavismo y un fortalecimiento importante de la oposición de derecha.

Este hecho, sin embargo, no es un rayo en cielo sereno. En las anteriores elecciones, con el propio Chávez como candidato, la oposición creció cerca de 2 millones de votos. Lo que se insinuó en ese momento y se ratificó el 14 de abril es un proceso objetivo en que un amplio sector de la clase trabajadora y sectores populares se están desencantando y rompiendo políticamente con el gobierno venezolano.

Las causas son sabidas: una inflación de más de 20% que devora los salarios miserables de millones de trabajadores; desempleo e informalidad laboral en aumento; escasez alarmante de productos básicos; niveles de inseguridad altísimos, que golpean a mujeres, jóvenes y sectores populares; negativa rotunda por parte del gobierno a negociar contratos colectivos; represión sistemática contra las luchas obreras y control férreo del gobierno sobre los sindicatos, etc. Existe un agravamiento de la situación económica, producto de la crisis mundial y de las políticas anti obreras y anti populares del chavismo, que se suman a otros dramas sociales desde hace mucho tiempo acumulados.

Esto fue desgastando, más o menos aceleradamente, a Chávez y su pretendida “revolución bolivariana”, pero, aunque con cada vez menos margen, la figura del “Comandante Chávez”, con todo su carisma y prestigio político, actuaba como una especie de “árbitro” y atenuaba (a veces más, a veces menos) las contradicciones sociales.

De esta forma, es toda la política económica y bonapartista del chavismo que acabó abriendo espacio y facilitando los avances de la derecha escuálida. La derrota política del “candidato de Chávez” no es un “giro a la derecha” del pueblo, sino un rechazo a la burocracia estatal y corrupta que anda en lujosas camionetas 4x4, que tiene sueldos inmensos y está enlodada en prebendas y corrupción. Es un rechazo a los “boliburgueses” que se deshacen en discursos “socialistas” al tiempo en que se enriquecen haciendo negocios a partir del control del aparato estatal.

Es el cansancio popular con este gobierno y régimen que crea las condiciones para que un amplio sector de las masas apoye electoralmente  a la oposición de derecha.
 
¿Golpe de la derecha?

El llamado a la movilización que hizo Capriles y los ataques de los manifestantes, lleva a muchos activistas honestos y varios sectores de izquierda a aceptar la denuncia que Maduro hizo de esto como un intento de “golpe” y “ataques fascistas”.

En este punto es necesario ser categóricos: no existe ningún golpe de Estado, ni siquiera una dinámica en ese sentido en Venezuela. Si existiera un intento de golpe de la derecha, como fue en 2002, seríamos los primeros en enfrentarlo en las calles, incluso en unidad de acción el chavismo. Pero eso no está planteado en la realidad.

Lo que existe en Venezuela fueron movilizaciones de un sector de la población, en su mayoría simpatizantes de Capriles que respondieron a su llamado, que exigen el recuento de los votos, pues existen denuncias de irregularidades que podrían configurar un fraude electoral, más aún en el marco de una mínima diferencia entre ambos candidatos. Estas protestas, en algunas partes, se radicalizaron y atacaron locales y se enfrentaron con militantes chavistas y con las fuerzas represivas del gobierno con el saldo antes comentado.

Planteados los hechos: ¿Es posible afirmar que la línea política de Capriles y el imperialismo es concretar un golpe de Estado en Venezuela? No, nada indica eso. La derecha tradicional quiere estirar la crisis lo más que pueda, para deslegitimar y desgastar más de lo que está al gobierno de Maduro para después, incluso, llegar a una negociación con él. Esto es muy diferente a un golpe de Estado, que implicaría, por sobre todo, sacar del poder por la fuerza a Maduro.

No sólo las FF.AA están claramente con Maduro y la cúpula chavista como, de hecho, no es la orientación de Capriles, que apenas las cosas se comenzaron a salir de control hizo nuevas declaraciones llamando a suspender las movilizaciones y calmar los ánimos: “Es el momento de la inteligencia, de la razón. No podemos perder el rumbo. El rumbo es la paz. No es con amenazas que se resuelven los problemas de Venezuela, es con el diálogo”.

Además, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, comenzando por el gobierno de Dilma en Brasil, reconocieron la victoria de Maduro. Hasta el gobierno reaccionario de Mariano Rajoy en el Estado español, del derechista PP, reconoció a Maduro como nuevo presidente. Entonces, es claro que nadie quiere “patear el tablero”, pues un golpe podría abrir una dinámica de mayores enfrentamientos, que tendría consecuencias imprevisibles para la burguesía venezolana de conjunto y también para el imperialismo. Menos aún frente a un gobierno que hace tiempo viene abandonando hasta su retórica “antiimperialista”.

En este marco, Maduro y todo el castro-chavismo utilizan el recurso de la agitación de un supuesto golpe como un de chantaje político en el sentido de forzar un apoyo político frente a “ataques fascistas”.

Esto es grave, pues como está la situación en Venezuela, es altamente probable que las movilizaciones continúen desarrollándose, debido a la situación económica y a la propia fragilidad con la que nace el gobierno de Maduro. Es posible que algunas sean inspiradas o impulsadas por la derecha. Pero otras serán movilizaciones obreras, populares y estudiantiles, que el gobierno de Maduro, como antes lo hizo Chávez, acusará y reprimirá como “golpistas” o “funcionales a la derecha y el imperialismo”.
 
¿Y las movilizaciones de la derecha?

La LIT-CI y la UST, rechaza la instrumentalización que la derecha está haciendo de la crisis política en Venezuela. Nadie se puede engañar en que, detrás de la exigencia de “transparencia” y recuento de los votos, la derecha escuálida y sumisa al imperialismo intenta legitimarse para retomar el poder y aplicar sus planes reaccionarios y entreguistas contra la clase trabajadora. Por eso no apoyamos esas movilizaciones y mucho menos los métodos de atacar locales del PSUV, los Mercales y los CDIs y llamamos a la clase trabajadora a mantener su independencia y no marchar ante los eventuales llamados de Capriles.

En este sentido, para cortar el camino a la derecha escuálida, es necesario exigir al gobierno, que acepte el recuento de los votos, como inicialmente aceptó Maduro. Es claro que un sector de la población desconfía de los resultados anunciados y esta es la palanca que usa la derecha para fortalecerse, al presentarse como víctima y “defensora de la voluntad popular”. En este sentido, para taparle la boca y desenmascarar a Capriles, Maduro debería aceptar el conteo y demostrar así que está manipulando a sus seguidores. Si ganó, como afirma el chavismo, no debe haber problemas. Si perdió, el pueblo tiene derecho a manifestarse.
 
Más que nunca es necesaria una alternativa independiente, obrera y socialista

El programa nacionalista burgués del chavismo, si bien siembre fue limitado, ha agotado sus posibilidades. Para salir de la grave crisis económica y social, para resolver los problemas de fondo, es necesario hacer lo que Chávez no hizo ni tuvo intenciones de hacer (mucho menos Maduro): atacar los intereses del imperialismo, confiscando sus propiedades, empresas, bancos y tierras, nacionalizándolas con control de los trabajadores; acabar con las empresas “mixtas”, que legalizan no solo la explotación sino la propiedad de las empresas imperialistas sobre el petróleo y los recursos de Venezuela; dejar de pagar la inmensa deuda externa e interna y dedicar todos esos recursos para el desarrollo económico al servicio del pueblo venezolano.

La alternativa al chavismo tampoco es la derecha tradicional venezolana, abiertamente reaccionaria y con alta vocación golpista.  Capriles y la vieja burguesía venezolana solo piensan en retomar el poder para beneficiarse como agentes directos del imperialismo. No son ni serán una salida para el pueblo y los trabajadores. Capriles es una variante política capitalista abiertamente pro yanqui que seguirá explotando al pueblo trabajador, como ya lo hacen en las gobernaciones que controlan (Miranda, Lara y Amazonas.). Su objetivo es ser mejores entregadores del petróleo venezolano a las corporaciones internacionales y defensores de los grandes empresarios nacionales.

Por esto, la principal tarea es construir un tercer espacio político, con independencia de clase y en oposición tanto a Maduro y al chavismo como a Capriles y a la derecha tradicional neoliberal. Esto es así porque la única salida para solucionar estructuralmente los problemas de la clase trabajadora y el pueblo venezolano continúa pasando por la organización y movilización independiente de sus fuerzas.

En este sentido, como parte de la batalla por construir este tercer espacio con independencia política, se imponía levantar en estas elecciones una alternativa obrera y socialista. Esa alternativa no existió porque un sector de la izquierda, el Partido Socialismo y Libertad (ligado a la UIT y el único que estaba en condiciones legales de hacerlo) renunció a dar esa pelea. Esto fue un grave error, pues, independientemente del número de votos que pudiera cosechar, se dejó de presentar una alternativa política para las y los trabajadores, independiente de las expresiones electorales de los dos grandes
bloques burgueses.
 
¿Qué pasará ahora?

El golpe recibido por el chavismo, seguramente tendrá consecuencias que todavía es temprano para medir. Una cosa parece segura: la inestabilidad política continuará. La derecha, fortalecida, estará en mejores condiciones para hacer oposición a un gobierno de Maduro que surge cuestionado y debilitado.

Un gobierno que enfrentará, además, la propias disputas internas en un PSUV donde Diosdado Cabello, presidente del Parlamento y representante directo de la “boliburguesía”, ya levantó la voz y exigió, ante el resultado electoral, “una autocrítica profunda” y que se busquen las fallas “hasta debajo de las piedras” para no poner en peligro “el legado del Comandante”, apuntando directamente a Maduro. En este marco, el sucesor de Chávez tendrá que aplicar duras medidas contra los trabajadores y es probable un aumento de los componentes represivos de su gobierno, si estos ataques despiertan luchas de resistencia obrera y popular.

Desde la LIT-CI y la UST seguiremos impulsando no sólo las luchas obreras y sociales sino la necesidad de que los trabajadores comiencen a construir su propia herramienta política, independiente de los burócratas, “boliburgueses”, patrones y militares, como único camino para construir el socialismo obrero, el socialismo verdadero. 


 
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