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  Perú: ¿Para quién gobernará Ollanta Huamala?
 
 

¿Para quién gobernará Ollanta Huamala?

Para los trabajadores es de primordial importancia tener una definición de lo que será el gobierno de Ollanta Humala a partir del próximo 28 de julio, ya que por los intereses de clase contrapuestos que habrá en la base de sus decisiones, el gobierno no podrá vestir un santo sin desvestir al otro.

Es importante, enton­ces, saber a qué santo vestirá el futuro gobierno nacionalista, o si se quiere cuál será su priori­dad ¿los trabajadores o la patro­nal? En esta nota explicamos por qué será importante mantener nuestra independencia política ante el próximo gobierno para defender activamente nuestras reivindicaciones. Una cosa seguirá siendo válida en los próximos años: Sin luchas no habrá victorias.
 

Señales a tener en cuenta


Veamos algunos indicadores que marcarán el rumbo del nuevo go­bierno:

1. La "Hoja de Ruta" que utilizó Ollanta Humala para lograr la concertación con el toledismo y Vargas Llosa, no fue una estratagema para ganar votos, sino un verdadero compromiso que de hecho representa el abandono de puntos programáticos importantes como la derogación de la Constitución fujimo­rista de 1993; se deja de lado también una reforma tributaria integral para poder financiar verdaderos programas sociales, y la restitución de los servicios públicos de salud y educación gratuitos y de calidad. Tampoco se habla de la derogación de las leyes que alientan los contratos precarios de trabajo.

Existe, sí, un compromiso de aumentar el salario mínimo a S/. 750, la fiscalización del respeto a los derechos laborales y sindicales. Pero incluso esto estará en función de la actitud política del go­bierno humalista ante la patronal, como veremos en los siguientes indicadores.

2. Ratificando su compro­miso con la Hoja de Ruta, después del 5 de junio Humala ha dado todas las se­ñales de su compromiso con el modelo económico, enfatizando que mantendrá las condiciones del crecimiento de la producción nacional. Humala ha sido tan convincente que ha
motivado una reacción de confianza de los principales gremios empresaria­les. "Vamos a mirar para adelante, ayu­darlo y trabajar. Además, se disiparon las dudas que tenía la Confiep", declaró el presidente de la CONFIEP, Humberto Speziani, cuatro días después de las elecciones en segunda vuelta, luego de una reunión con el Presidente electo.

La confianza incluso va más allá si ve­mos cómo Southern intenta retomar el repudiado proyecto minero Tía María con la mediación de Humala, tal como lo ha declarado Óscar González Rocha, presidente de la empresa (Semanario regional El Búho, 15.06.11). Por supues­to, la respuesta del pueblo de Islay no se hizo esperar: "el vicepresidente del Frente Amplio de Defensa del Valle de Tambo, Jaime de la Cruz, advirtió que si la empresa minera vuelve a retomar el proyecto y si el presidente electo, Ollanta Humala, reconsidera el ingreso de la mina, la población de Islay se pronunciará con paro indefinido" (misma fuente).

3. Como parte del compromiso señalado, la mayoría de nombres del proceso de transferencia y los probables futuros ministros, son conocidos "tec­nócratas" con trayectoria en la defensa del actual modelo económico. Según Caretas (edición 16.06.11) el grupo de transferencia encabezado por la vice­presidenta electa, Marisol Espinoza, lo integran Luis Chuquihuara (embajador de la época toledista) en la Presidencia del Consejo de Ministros, Kurt Burneo (ex jefe de plan económico de Toledo y ahora de Humala) en Economía, Alfonso Velásquez (exministro de Toledo) en Comercio Exterior, y Carlos Paredes (ex vicepresidente de la Cámara de Comer­cio de Arequipa) en Producción. No se conoce aun quién sería el ministro de Trabajo.
 
El signo del gobierno

Todos estos factores llevan a pensar que el gobierno de Humala se iniciará con un marcado carácter de clase propatronal, y que por ende priorizará los intereses de las empresas por encima de los de los trabajadores y el pueblo. Es decir, ese carácter pesará en sus decisiones más importantes.

Tomemos, por ejemplo, su compromiso de mantener las actuales condiciones que han hecho posible el crecimiento económico de los últimos años: la de­fensa en los hechos de las líneas funda­mentales de la Constitución fujimorista de 1993, el liberalismo económico, la mínima imposición tributaria a las em­presas, preservar sobretodo la mano de obra barata, y las privatizaciones y concesiones a todo dar; este panorama aumentado y asegurado mediante los tratados de libre comercio, principal­mente el TLC con EEUU, que tampoco se cuestionarían, más allá por supuesto de saludos a la bandera a otros proyectos de integración regional.

Las expectativas

Muchos trabajadores y dirigentes de base celebran eufóricamente, no sin justificación, la derrota electoral de la candidata del fujimorismo, del actual gobierno de Alan García y de la reacción, y aunque ciertamente alientan alguna expectativa en el futu­ro gobierno de Humala, no están tan esperanzados de que ese gobierno de buenas a primeras resuelva realmente sus demandas. Pero es importante saber qué esperar a partir del 28 de julio y con qué orientación general debemos conducir a nuestra clase en la solución de nuestras demandas.

El origen de Humala


Que el gobierno de Humala vaya a tener un carácter de clase burgués, es algo que no debe sorprender a nadie. Ollanta Humala no ha surgido del movimiento obrero y popular, mucho menos viene de alentar una alternativa socialista o de izquierda. Su discurso nacionalista, es verdad, ha recogido una serie de reivindicaciones populares y democráticas, y hasta algunas demandas obreras, pero todo eso quedó en la etapa del polo rojo. Hoy Humala es un Presidente electo reconvertido, y esa reconversión no ha sido un truco de campaña electoral.

Esa reconversión también ha ocasio­nado un reacomodo de los dirigentes de las organizaciones más importan­tes de la clase trabajadora, la CGTP y el SUTEP, por ejemplo. Ellos sostenían hasta hace poco que con Ollanta Humala los trabajadores llegarían al gobierno y al poder; ahora ya solo invocan que el Presidente electo cum­pla sus compromisos, mientras tanto llaman a apoyarlo y defenderlo.

El camino es continuar la lucha

En ese marco, no será propósito del futuro gobierno enfrentarse a la patronal al menos en los temas que tienen que ver con las condiciones de explotación capitalista. Y por ello cualquier demanda importante de la clase obrera como la derogatoria de los contratos temporales, el respeto a las libertades sindicales y la solución a los pliegos de reclamos, y en general la derogatoria de la carta constitucional fujimorista que sigue bloqueando mu­chos derechos laborales y libertades democráticas, deberá ser conquistada por medio de la lucha.

Esta lucha tendrá un punto a favor en esta nueva etapa que se iniciará el 28 de julio, y es la legitimidad de las luchas para exigir el cumplimiento de los compromisos de campaña. Organización y unidad para impulsar las grandes luchas por la defensa de nuestras reivindicaciones y una ver­dadera transformación del país en be­neficio de las mayorías, y no la ilusión desmovilizadora, es la exigencia que plantea la nueva etapa.
 

 
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