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  Brasil: La farsa de la pacificación del Estado de Río de Janeiro
 

La farsa de la pacificación del Estado de Río de Janeiro

Escrito por Ciro Garcia - PSTU/RJ       
www.pstu.org.br

 

El Estado de Río de Janeiro vive una verdadera guerra civil, un estado de sitio, que desenmascara la demagogia y la incompetencia del gobernador reelecto Sergio Cabral (PMDB) y sus subordinados. Para ganar la elección divulgaron ampliamente que la ciudad y el estado estaban pacificados, que habían acabado, a través de las Unidades de la Policía Pacificadora (UPP), con el tráfico y, consecuentemente, con la violencia. 

En este exacto momento, helicópteros de la Policía Civil y de la Policía Militar sobrevuelan la ciudad y las comunidades del Complejo del Alemán y la de Manguinhos, tratando de encontrar a los culpables de esta situación. Las clases están suspendidas y los trabajadores están regresando rápido a sus casas. En el centro de la ciudad las personas interrumpen rápidamente sus actividades. En este momento, los ómnibus están siendo incendiados, y las rodovías son bloqueadas por traficantes que saquean los vehículos y enseguida les prenden fuego. En los últimos días, más de 40 vehículos, entre ómnibus y carros particulares, fueron incendiados, hicieron decenas de bloqueos de calles para, inmediatamente, realizar saqueos a los conductores.

En varios puntos del estado, el gobernador aliado de Lula trata, a través de batidas policiales,de inhibir la acción de los narcotraficantes; todos los policías que ejercían funciones internas, médicos, mecánicos, funcionarios burocráticos, todos fueron convocados para actuar en las calles de las ciudades, como si el problema de la violencia sería resuelto con una acción de guerra. Todas las medidas, hasta ahora adoptadas por el sector de la seguridad del estado, fallaron, y lo que predomina es el pánico, la inseguridad y la falta de una política que, de hecho, enfrente la violencia y la inseguridad.

En este momento, la prensa, en particular la Red Globo, aprovecha la situación para aumentar su audiencia, alardeando con el caos en que se encuentra la ciudad y el Estado, pero no dice que todo eso se explica, por un lado, en función de la miseria que vive una parte de la población, que es condenada a vivir en los cerros de la ciudad en barracones, sin empleos y con salarios insignificantes, reprimida por la policía fascista y corrupta de Sergio Cabral, por la policía antinarcotráfico o por la milicia [1]. Por otro lado, existe una convivencia del Estado con los grandes empresarios, que tienen ligazón con el narcotráfico internacional de drogas y de armas. Estos señores, cuando son capturados, alegan que son coleccionistas de armas.

En este momento, el Secretario de Seguridad, José Mariano Beltrame, dice que quien quiera pasar por encima del Estado, va a ser derribado. Los policías traducen las órdenes del Estado y dicen que va a morir mucha gente. Veinticinco personas ya murieron, demostrando cual es la política de estos señores fascistas. Van a exterminar a los pobres y negros y jóvenes y van a decir que son traficantes. Un buen ejemplo de que no debemos confiar en estos gobernantes fue la instalación de las UPPs en el área de Tijuca, en el cerro de Borel, Formiga, Casa Branca, Macacos, Morro da Liberdade, Turano y Salgueiro. Todos estos lugares, con gran presencia de narcotraficantes, con cientos de ellos fuertemente armados, fueron ocupados después del acuerdo del gobierno con los traficantes, que garantizó la salida de todos, con su armamento de guerra, antes de la ocupación.

Una vergüenza. Esta maniobra, del gobernador y de todos sus aliados, fue conmemorada por Sergio Cabral, Lula, Dilma y su Secretario de Seguridad, que divulgaron ampliamente que habían acabado con el narcotráfico y pacificado la ciudad y el Estado sin pegar un tiro. Dijeron que los traficantes huyeron asustados. Con este discurso ganaron las elecciones de octubre. ¿Quién no recuerda a la candidata Dilma diciendo, en la televisión, que exportaría estos ejemplos de Rio al resto del país? En realidad lo que ocurrió fue un gran acuerdo del Estado con los traficantes, que se trasladaron a otras regiones de la ciudad y del Estado, preparando la región de Tijuca y de la zona sur para recibir a los turistas y a los inversionistas para la Copa del Mundo y las Olimpíadas.

El gobernador y sus aliados andan en carro blindado, con escolta de seguridad, de helicóptero, en tanto que nosotros, los trabajadores, quedamos vulnerables en los ómnibus, que están siendo, frecuentemente, incendiados. El gobierno aprovecha esta situación para criminalizar la pobreza y están preparando un verdadero exterminio en las regiones más pobres. Está siendo preparada la invasión del Complejo del Alemán y de Manguinhos. Sabemos que quienes van a pagar son los trabajadores y la juventud. Bajo el pretexto de atacar a los traficantes, sabemos a donde va a parar esa política: Si fuera negro y pobre, primero se tira y después se verifica quien es.

Un programa socialista para enfrentar a la violencia

No creemos que la solución sean las UPPs. No es posible vivir bajo una ocupación. Todas las medidas de maquillaje del Estado, los cursos con los camiones del SENAC (Servicio Nacional de Aprendizaje Comercial) en las comunidades (para poquísimas personas) para enseñar corte e confección, formar peluqueros e instruir en nociones de informática, no garantizan lo que es fundamental. Las personas necesitan, en la comunidad y en el país, de un buen empleo, con un salario decente. Por eso proponemos que el salario mínimo se duplique inmediatamente.

Proponemos la construcción de buenas escuelas con muchas vacantes y con profesionales en educación con un salario decente, y no el vergonzoso salario de 700 reales (US$ 495) que el Estado les paga a los profesores. Defendemos la construcción de buenos hospitales para que los trabajadores no mueran por falta de camillas en emergencias. Exigimos que el gobernador pare inmediatamente con la demolición del IASERJ (Instituto de Asistencia Social del Estado de Río de Janeiro), con el cierre del Hospital Pedro II y hospitales que son fundamentales. Queremos vacaciones decentes, acceso a la cultura y no maquillaje para mostrar a los turistas. Queremos viviendas decentes y con infraestructura. Existen responsables por las acciones que están sucediendo en el Estado y en la ciudad: son el gobernador, los prefectos y el gobierno federal que hicieron mucho alboroto en las elecciones y que ahora nos dejan en esta situación.

No acabaremos con la violencia y con el narcotráfico sin la descriminalización de las drogas, sin mandar a la cárcel a los grandes empresarios que trafican las armas y las drogas, sin la confiscación de sus bienes. No acabaremos con la violencia si no tenemos empleos decentes para nuestras familias. Necesitamos disolver esa policía y construir una policía ligada a la población y, principalmente, controlada por ella, con elecciones del comando y de los delegados y con mandato revocable. Exigimos el fin del exterminio de los pobres y negros. No a la invasión y al exterminio de los moradores de las comunidades.

[1] Milicia: bandos paramilitares formados por miembros de la policía.

28/11/10


 
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