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  Libia a sangre y fuego
 

Libia a sangre y fuego     

 

El 22 de febrero, Muamar Kadafi habló por la televisión estatal. Kadafi denunció a “jóvenes de 16 y 17 años drogados (…) que asaltan comisarías”.

 

Aseguró que los rebeldes y los líderes tribales y burgueses de la región oriental que los impulsan son la punta de lanza de un intento de Estados Unidos de volver a dominar el país como lo hacía antes de que él llegara al poder en 1969. Y llamó “al pueblo (…) que ama a Kadafi (…) a salir a las calles” para enfrentar a los rebeldes y defender la independencia del país y a su líder. Es de hecho un llamado a la guerra civil contra los insurrectos.

 

Por empezar, Kadafi es quien permitió el regreso de las petroleras y demás multinacionales al país y hace tiempo que dejó de ser un líder antiimperialista (ver “Kadafi: una biografía de ida y de vuelta”).Por otra parte, lo que se ve a estas horas en Libia, en medio de la sangre y el fuego, no son chiquilines drogados, sino una revolución que va liberando zonas en su avance y enfrenta una verdadera masacre perpetrada por las tropas de Kadafi para contener la rebelión.

 

Frente a la represión, las masas se vieron obligadas a organizarse en “comités populares” y armarse –en muchos casos unidas a oficiales y soldados que han defeccionado con armas y bagajes- para poder seguir peleando por la caída del régimen, por libertades democráticas y por respuestas al hambre, el desempleo y los bajos salarios.

 

En Trípoli sigue la lucha

 

El diario español El País describía el 21 de febrero la rebelión en Trípoli: “Varias agencias informan que algunos edificios gubernamentales de la capital libia han sido pasto de las llamas esta mañana y que las sedes de la televisión y la radio públicas han sido saqueadas y quemadas por una turbamulta enfurecida esta pasada madrugada. ‘La Casa del Pueblo (Parlamento) está en llamas; los bomberos tratan de apagar el fuego’, ha explicado un testigo citado por Reuters. Al Yazira informa que la sede central del Gobierno libio y el edificio que alberga el Ministerio de Justicia en Trípoli también han sido incendiados’.”

 

Y también describe El País la represión: “’Lo que estamos presenciando hoy es inimaginable. Aviones y helicópteros militares están bombardeando un barrio tras otro’, ha asegurado Adel Mohamed Saleh, un hombre que se declara activista anti-Gadafi. Según Saleh, contactado telefónicamente por Reuters, los bombardeos se suceden ‘cada 20 minutos y están produciendo ‘muchísimos muertos’ (al menos han fallecido ya 250 personas, según la cadena catarí Al Yazira).” Posteriores informes elevan las muertes a más de 600.

 

En el resto del país, comités Populares armados “liberan” ciudades

 


Según el diario italiano Corriere della Sera (22/2) “los rebeldes tienen el control de Bengasi (segunda ciudad del país), Sirte, Torbruk, Misrata, Khoms, Tarhouinah, Zenten, Al-zawiya y Zouara. (…) El régimen solo controla Trípoli que es donde continúan los enfrentamientos”.

 

El corresponsal de CNN, Ben Wedeman, que había logrado entrar a Libia por la frontera con Egipto, decía: “Grupos de hombres de civil, con armas que van de escopetas a ametralladoras, custodiaban las calles en Libia oriental el lunes (21/2), estando los líderes opositores en firme control de gran parte de la región. Grupos oposicionistas formaron ‘comités populares’ para mantener el orden de algún modo luego de expulsar a las tropas oficiales”.

 

Según el diario El país: “Testimonios procedentes de los disidentes de Bengasi aseguran que los manifestantes también han tomado tanques y grandes cantidades de armas y municiones del Ejército, según reconoció a su modo el hijo de Gadafi en el discurso. ‘Los criminales circulan incluso a bordo de blindados’, dijo”.

 

Continúa el periodista de CNN: “Gente de Libia oriental nos dijo que cientos de mercenarios del África sub-sahariana fueron muertos o capturados mientras luchaban por Kadafi. Líderes opositores dicen que están preocupados de que fuerzas pro-Kadafi pueden tratar de retomar el área, por lo que los hombres permanecen armados en las calles”.

 

Mientras tanto las fuerzas rebeldes estaban garantizando que funcionara la electricidad y volviera algo de normalidad con algunos negocios abiertos en las ciudades “liberadas” por la revolución. Sin embargo, las rutas aún se mostraban desiertas, salvo por miles de obreros egipcios que buscaban huir a su país.

 

Un disidente, Omran Mohamed Omran, declaró a la prensa española que “’En vez de los alcaldes de Gadafi, son los jueces los que dirigen y administran los pueblos de los revolucionarios porque gozan del respeto del pueblo’.

 

Renuncia de funcionarios y división y defecciones en las fuerzas armadas

 

Al compás del avance de la revolución se producen renuncias de altos funcionarios del régimen. Empezando por el ministro del Interior y general del Ejército, Abdel Fattah Younes al Abidi. Luego renunciarían los ministros de Justicia y el de Emigraciones.

 

Omran, asegura que “la división en el Ejército es un hecho y varios militares se han unido a la protesta. (…) El jefe del Estado Mayor del Ejército libio, Abubaker Yunas, quien participó en el golpe de Estado de 1969 que llevó a Gadafi al poder, (…) está en arresto domiciliario. (…) Yunas le pidió a Gadafi que se apartara del poder para cumplir con las demandas del pueblo, pero Gadafi respondió que antes quemaría la tierra que él mismo había hecho florecer.”

 

Mientras tanto, según Wedeman de CNN: “Un hombre que se identificó como líder de la resistencia dijo que se ha estado reuniendo con comandantes militares libios en la región, y que una gran parte del ejército se ha sumado a las fuerzas anti-gobierno”.

 

Dos pilotos de bombarderos libios defeccionaron a Malta con sus Mirage F1 el lunes 21. Una fuente del gobierno de Malta dijo que los pilotos defeccionaron antes que cumplir órdenes de bombardear a la población civil.

 

Insurrección popular con elementos avanzados de doble poder con zonas “liberadas”

 

En este proceso se da una amplísima unidad de acción anti-dictatorial, de la que participan trabajadores, sectores populares, e incluso con la adhesión de sectores burgueses, más oficiales y tropas desertoras de las fuerzas armadas, a lo que ahora se agregan incluso altos funcionarios del régimen. Está claro que se necesita la más amplia unidad de acción con todos los sectores, incluidos los burgueses desplazados por el régimen, para terminar con esta dictadura genocida atrincherada.

 

El hecho de que la única respuesta de Kadafi sea bombardear con la fuerza aérea y enviar mercenarios a atacar a los rebeldes y que el mismo diga que se “dispone a morir”, muestra su desesperación frente al crecimiento del bloque opositor.

 

No sabemos cuánto durará el enfrentamiento ni cuál será su resultado, aunque en estos momentos la balanza se inclina claramente en favor de las masas. Con una insurrección en la que se fortalecen los crecientes elementos de doble poder, incluso con “zonas liberadas” que abarcan no solo a diez ciudades, especialmente del este, sino también varios de los centros de producción y distribución de petróleo y gas.

 

Es evidente que la tarea decisiva de la revolución ahora es derrotar las fuerzas de la dictadura en Trípoli y derrocar a Kadafi. Y para ello es fundamental unificar sólidamente a todas las fuerzas sociales, políticas y militares que sostienen la lucha.

 

Esto no significa, sin embargo, que todos los que participan de la lucha tengan los mismos intereses o piensen en las mismas medidas para cuando, después del derrocamiento de Kadafi, haya que construir el nuevo poder para la nueva Libia. Para defender sus intereses, los trabajadores necesitan una organización independiente de los burgueses y su propia dirección.

 

Desde la LIT-CI estamos convencidos que esa dirección obrera debería tener como norte estratégico imponer un gobierno de los organismos de los trabajadores y el pueblo, apoyado en el armamento general de la población. Para volcar los recursos del país a atender a las necesidades más urgentes del pueblo y reconquistar la independencia del país, expulsando las multinacionales que Kadafi permitió regresar a Libia. Tareas que solo podrán cumplirse en unidad con los trabajadores y los pueblos de toda la región.

 

El pueblo libio aprendió de las revoluciones de Túnez y Egipto. Ahora es el turno de la insurrección libia de tomar la vanguardia de la revolución árabe.

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