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  Grecia es la punta del iceberg de la crisis de la Europa imperialista
 
 

Grecia es la punta del iceberg de la crisis de la Europa imperialista

Escrito por LIT-CI www.litci.org   

 

Los recientes sucesos ocurridos en Grecia son un anticipo y una amenaza de lo que puede ocurrir en toda la Unión Europea (UE), como consecuencia de la crisis económica internacional iniciada en 2007.

 

Si bien inicialmente el epicentro de la crisis estuvo en EEUU, fue sin dudas la UE el polo imperialista más afectado ya que la crisis pone en carne viva todas sus contradicciones.

 

Los objetivos de su creación

 

La UE nació, a través de distintos tratados internacionales, en la década de 1990. Actualmente está formada por 27 países, como continuación y profundización de la Comunidad Económica Europea (CEE), fundada en 1957. En su seno se creó, en 2000, la llamada “eurozona”: 17 países que adoptaron el euro como moneda común controlada por el Banco Central Europeo (BCE).

 

Lejos de ser una “unión igualitaria de países” que permitiría “el progreso y el bienestar de sus pueblos”, la UE nació con dos objetivos muy claros. El primero era defender un “espacio imperialista propio” frente a EEUU. Relacionado con este primer objetivo, el segundo era sumar las fuerzas de estas burguesías imperialistas para atacar y comenzar a liquidar las conquistas sociales del llamado Estado de Bienestar, logradas por los trabajadores europeos, tras la II Guerra Mundial, porque los capitalistas se vieron forzados a hacer grandes concesiones ante el riesgo de perderlo todo frente a la revolución socialista que avanzaba desde el Este.

 

Una unión de desiguales

 

En la UE y en la eurozona, se juntaron países de muy desigual desarrollo económico y productivo (por ejemplo, Alemania y Grecia). En este sentido, sus grandes beneficiarios fueron las principales potencias (Alemania y Francia), especialmente sus grandes empresas y bancos que pudieron expandir sin grandes limitaciones sus negocios e inversiones.

 

Lospaíses más débiles, como Portugal, Irlanda, Grecia e, incluso, España, sufrieron un fuerte proceso de desindustrialización (con la desaparición o la reducción extrema de ramas como la siderurgia o la naval); de reducción de los sectores agrícolas “no competitivos” (que, en realidad, debían competir con los enormes subsidios que reciben los agricultores en Alemania o Francia), y de penetración y dominio creciente de sus mercados bancarios y financieros.

 

Durante el último período de auge de la economía mundial (2002-2007), este desarrollo “en tijeras” fue disimulado por los ingresos que los países más débiles recibían por el turismo, el comercio y el transporte, y el desarrollo de la construcción. El circuito de ingresos-egresos de euros acumulaba contradicciones pero todavía “cerraba”. La economía del estado español incluso, ayudada por el rendimiento de sus inversiones en Latinoamérica, vivió un período de auge y gran crecimiento. Pero la crisis cortó ese circuito, en gran medida ficticio, y las contradicciones estallaron con toda su crudeza.

 

Esta relación de dominio de los países imperialistas más débiles por parte de los más fuertes no es algo nuevo en la historia. En su conocido libro sobre el Imperialismo, Lenin ya señalaba, por ejemplo, que Portugal era, al mismo tiempo, una potencia colonial y un país totalmente dependiente de Inglaterra. La creación de la UE y la eurozona profundizaron este tipo de relaciones y, ahora, a partir de la crisis, la están llevando a nuevos límites.

 

La crisis de las deudas públicas

 

La crisis económica internacional afectó a la economía europea de conjunto y disminuyó los ingresos de euros de los países más débiles. Los estados comenzaron a sobre-endeudarse sea para ayudar directamente a los bancos o para enfrentar el pago de las deudas públicas que aumentaban aceleradamente en cada refinanciación por el costo de intereses cada más altos, en la medida que la calificación de las deudas empeoraba (los bonos griegos e irlandeses ya son considerados “basura”, el punto más bajo de la escala).

 

Se llegó así a las situaciones de “default”: es decir, la imposibilidad de los estados de afrontar sus deudas. A partir de allí, a la necesidad de “paquetes de ayuda” por parte de la UE y el FMI para cubrir esos “saldos en rojo” e impedir la quiebra. A cambio, viene la exigencia de durísimos y continuos planes de ajuste que reducen salarios y jubilaciones, aumentan los impuestos a la población, atacan la salud y la educación públicas, ordenan privatizaciones, etc. En respuesta, comienza la lucha de los pueblos contra esas medidas, acentuando aún más la “inestabilidad” para la burguesía.

 

La segunda crisis del euro

 

La crisis griega y su evolución no es un proceso que afecte sólo a ese país. Ni siquiera es una crisis que se limite a los PIGs. El semanario británico The Economist, analizando la crisis griega define una “segunda oleada de crisis del euro”, desde 2008, porque este país es la parte más visible de una crisis continental. En Grecia, y en cómo se resuelva la situación de este país, se está jugando la suerte de una construcción (el sistema euro) que le llevó más de 50 años a la burguesía imperialista europea.

 

Se trata de una “crisis europea” por tres razones. La primera es la rigidez del sistema monetario conjunto. La existencia de una moneda y una autoridad internacional común hace que los países miembros de la eurozona no puedan tener una política monetaria capitalista propia (como podría ser una fuerte devaluación de su moneda nacional) sin romper con el euro. A la vez, todas las medidas “anticrisis” de esa autoridad monetaria europea representan, en los hechos, una “intervención” y una “imposición” sobre los países afectados. Al mismo tiempo, la crisis de los países miembros, aunque sean pequeños, se transforma de hecho en una crisis del euro en su conjunto.

 

En segundo lugar, la banca griega es hoy controlada mayoritariamente por capitales extranjeros, principalmente alemanes y, en segundo lugar, franceses y estadounidenses. En otras palabras, una quiebra del estado y del sistema financiero griego (al estilo de Argentina 2001) tendría gravísimas consecuencias sobre todo el sistema financiero europeo y mundial.

 

En tercer lugar, si bien la cadena imperialista amenaza cortarse por lo más delgado (los PIGs), la crisis fiscal y económica también ha penetrado con mucha profundidad en países más grandes como España (considerado el límite de “tamaño” que la UE podría “ayudar”), e Italia que acaba de sufrir un ataque especulativo al que el gobierno Berlusconi respondió con el acuerdo y una unidad total con la oposición en el parlamento votando a rajatabla un durísimo. Incluso potencias mucho más fuertes, como Gran Bretaña y Francia, se ven obligadas a aplicar planes de “austeridad”. Si la cadena de la UE y el euro se rompiera en Grecia, el “efecto dominó” hacia los demás “eslabones” podría ser muy rápido. Y según palabras de un ex premio Nobel de Economía, el estadounidense Paul Krugman, la caída del euro sería “una catástrofe” para la economía y las finanzas mundiales     

 

El Pacto del euro

 

Pero las burguesías europeas, especialmente las de Alemania y Francia, están dispuestas a defender hasta el final al euro y su espacio imperialista, en su beneficio. El 27 de junio ha sido ratificado, en Bruselas (sede de la UE) el llamado “Pacto del Euro”, un texto firmado por los 17 jefes de gobierno de la eurozona para “responder a la crisis y aumentar la competitividad de Europa”.

 

Pero para hacerlo se verán obligados a avanzar con todo en dos aspectos. Por un lado, en el sometimiento de los países más débiles imponiéndoles, a cambio de la “ayuda” financiera, medidas y condiciones de control similares a las de los países latinoamericanos en las décadas de 1980 y 1990. Por ejemplo, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, ha dicho explícitamente que Grecia tendrá su soberanía "enormemente limitada" a raíz del plan de ajuste que aprobó para desbloquear las ayudas de la UE y del FMI.

 

En segundo lugar, deberán atacar cada vez más frontalmente y sin mediciones las conquistas, las condiciones de vida y los derechos de los trabajadores. En este aspecto, Grecia es la punta de lanza de los planes de ajuste que se aplican en todo el continente. Hoy, el sistema capitalista imperialista ya no puede garantizar el mantenimiento de ninguna de estas conquistas (convenios salariales, condiciones laborales, jubilaciones dignas, salud y educación públicas de calidad, etc.) y necesita destruirlas para defender sus ganancias y descargar el costo de la crisis en las espaldas de los trabajadores y el pueblo.

 

Las contradicciones interimperialistas

 

Los bancos, doblemente responsables por la actual situación, son quienes más exigen sacrificios de los países débiles y de los pueblos europeos de conjunto. Pero esto comienza a provocar divisiones en las burguesías imperialistas europeas.

 

Mientras la cúpula de la UE y del BCE defienden la postura de los bancos, la premier alemana Ángela Merkel presentó la posición de que los bancos se hagan cargo de una parte del costo de los paquetes de “ayuda” (destinados en última instancia a “salvarlos”) y así atenuar un poco su impacto popular. Merkel expresa seguramente la doble presión de la burguesía industrial alemana, que quiere evitar una nueva recesión y dar salida a sus exportaciones, y la del electorado alemán que se opone a que su estado aporte fondos para estos paquetes de ayuda. Al mismo tiempo, teme también las reacciones populares que estos paquetes “salvajes” pueden provocar. Los gobiernos de Francia y España se han aliado con las posiciones más duras del BCE y posiblemente reflejen el compromiso estrecho de sus principales bancos con las deudas de los PIGs.En cualquier caso, estas divisiones agregan más inestabilidad a una situación ya de por sí explosiva.

 

La crisis se acelera

 

Las burguesías de los países más débiles, como la griega, se muestran dispuestas a aceptar este sometimiento para defender la parte minoritaria que reciben de la explotación de los trabajadores, aunque ello represente un claro retroceso de sus países y la obligación de descargar ataques brutales a sus trabajadores y a sus pueblos.

 

Ningún país europeo está en buena posición de “socorrer” a otro. Detrás del polvorín griego, esperan en fila Portugal, Irlanda, España, Italia, Inglaterra… Ya gastaron casi toda la munición de apoyo estatal en 2008-2009. El propio EEUU sufre su propia crisis económica y política, y su riesgo de default… Algo inimaginable en el pasado.

 

Pero si las burguesías aceptan el sometimiento, los trabajadores y el pueblo no parecen dispuestos a hacerlo. En el caso griego, la resistencia viene desde hace más de dos años y toma un carácter heroico: más de una docena de huelgas generales a las que ahora se ha sumado también la ocupación de plazas, al estilo egipcio o español.

 

Pero si los trabajadores y el pueblo griego están a la vanguardia, resulta claro que la resistencia comienza a extenderse por todo el continente. Allí está la lucha de los trabajadores y la juventud de Francia contra Sarkozy, el año pasado; las movilizaciones de la “geração à rasca”, en Portugal; los indignados españoles; la poderosa huelga general de empleados públicos y docentes en Inglaterra…

 

Esta lucha produce desgaste y crisis en los gobiernos que aplican los planes, sean de derecha o de “izquierda”. Y, en la medida que la lucha se mantiene, son los propios regímenes los que comienzan a evidenciar crisis, al agotarse las mediaciones políticas que tratan de desviarla y frenarla. En Grecia, se desgasta aceleradamente el gobierno del socialdemócrata PASOK, sin que la derecha (Nueva Democracia) se recupere de su derrota electoral de 2009. Y los diputados de ambos partidos debieron se protegidos por varios cordones policiales para votar juntos en el Parlamento las medidas del último paquete. Un desgaste de los regímenes que también comienza a expresarse cuando los jóvenes de Portugal y España reclaman “democracia real” y denuncian la profunda ligazón de estos regímenes políticos y sus partidos con sus burguesías imperialistas.

 

Hay desigualdades, no es la misma situación en Grecia que en Alemania, donde el proletariado más poderoso de Europa aún no ha entrado en escena con todo, pese a que ha habido grandes movilizaciones contra las usinas nucleares, y el gobierno de Merkel también está sufriendo las consecuencias de la crisis europea con la caída de su prestigio político.

 

En otras palabras, las burguesías europeas deben aplicar los peores planes de ajuste y realizar los más duros ataques, en décadas, a sus trabajadores y pueblos no en un marco de tranquilidad, sino de fuerte resistencia y de creciente crisis política, que los empantanan, incluso si logran votar esos paquetes en los parlamentos, realimentando la crisis económica continental e internacional.

 

¿Cuál es la salida?

 

A pesar de una resistencia cada más fuerte contra los planes de ajuste, especialmente en Grecia, los trabajadores y los jóvenes europeos no vislumbran una salida a la crisis. Esto es así porque las direcciones sindicales burocráticas y políticas de los trabajadores, incluso cuando se ven obligadas a llamar a huelgas generales y movilizaciones, impiden la realización de verdaderos planes de lucha que no sólo enfrenten los planes de ajuste sino que también puedan derrotar a los gobiernos que los aplican, en la perspectiva de imponer gobiernos obreros y populares que apliquen programas al servicio de los trabajadores y el pueblo, y no de los banqueros y los monopolios. Al mismo tiempo, aunque ella va dirigida contra un mismo enemigo, la UE y sus políticas, estas direcciones dividen la lucha país por país y así la debilitan.

 

Esta política de las direcciones mayoritarias de los trabajadores tiene un marco de fondo: la defensa de la UE y de la zona euro. Una posición que es compartida por otras corrientes ubicadas más a la izquierda, como el Bloco de Esquerda (BE) de Portugal, para quien se trata de crear, dentro de la UE, “alternativas para políticas de creación de empleo y de decisión democrática contra la especulación financiera” yelaborar un “programa viable de lucha” por una “nueva arquitectura de la UE”.En otras palabras, se trata de “reformar” a la UE para tornarla más “humana”.

 

Todas estas corrientes le hacen el coro a sus burguesías imperialistas porque le dicen a los trabajadores, abierta o implícitamente, que si los planes de ajuste y sus consecuencias son una “medicina amarga” mucho peor sería salir de la UE o del euro.

 

La crisis capitalista ha obligado a la UE a mostrar su verdadero rostro una construcción al servicio del imperialismo alemán (y, a su vera, el francés), en beneficio de sus bancos y multinacionales, sometiendo férreamente al vasallaje a países como Grecia, Portugal, Irlanda o España, y atacando duramente a todos los trabajadores del continente. Ya no hay márgenes para el ropaje demagógico del “modelo social europeo” ni para “juegos” democráticos sobre quién y dónde se deciden los planes de ajuste. No existe ninguna posibilidad de “reformar” la UE para volverla “más humana” como no hay modo de hacerlo con el capitalismo imperialista de conjunto.

 

Por eso, Grecia, Portugal e Irlanda solo podrán salvarse de la catástrofe si declaran el no reconocimiento de su deuda pública, rompen con la UE y adoptan medidas drásticas como la expropiación de la banca, la nacionalización de las empresas estratégicas bajo control de los trabajadores, la escala móvil de horas para que trabajen todos y el establecimiento del monopolio del comercio exterior. Un programa que, en un futuro cada vez más próximo, también estará planteado para otros países, como España e Italia.

 

Desde la LIT-CI, somos plenamente conscientes de que los problemas de Grecia, Portugal e Irlanda no tendrán solución de modo aislado. Por eso, nuestra propuesta no significa la vuelta al viejo aislamiento “nacional” capitalista ni a sus monedas, como proponen diversas corrientes de derecha en el continente.

 

A la Europa del Capital, representada por la UE y la zona euro, nuestra propuesta contrapone la lucha del conjunto de los trabajadores del continente para lograr la propia unidad de una salida obrera y popular, en la perspectiva de la construcción de los Estados Unidos Socialistas de Europa.

 

Esta es una tarea inmensa pero imprescindible que debe ser acompañada con urgencia, en el proceso vivo de las luchas, del surgimiento y la construcción de nuevas direcciones sindicales y políticas, basadas en la independencia de clase del movimiento obrero de todas las variantes de la burguesía y de sus gobiernos.
 

 

 
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