FRENTE AL CAPITALISMO EN CRISIS SOLO HAY UNA ALTERNATIVA: REVOLUCIÓN SOCIALISTA!
   
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  Declaración LITCI: Paraguay: ¡Derrotemos el golpe parlamentario y el gobierno de Franco en las calles!
 
 
¡Derrotemos el golpe parlamentario y el gobierno de Franco en las calles!

Escrito por Secretariado Internacional - LIT-CI  - www.LITCI.org   
10/7/12

El golpe de Estado reaccionario impulsado por la derecha tradicional paraguaya que derrocó a Fernando Lugo el pasado 22 de junio por la vía de un Juicio Políticorelámpago instrumentado en el Parlamento es un hecho que forma parte de todo un rico proceso político que ofrece lecciones fundamentales al movimiento social y a la izquierda mundial.

Es preciso conocer, estudiar y acompañar todo ese proceso, con sus características centrales, sus contradicciones, sus idas y venidas. En estas pocas líneas nos abocaremos a responder sólo algunas de los interrogantes que están colocados actualmente para las y los luchadores sociales y de izquierda: ¿Por qué se dio el golpe contra Lugo? ¿La derecha reaccionaria sacó del poder a Lugo por ser éste un presidente de izquierda o por lo menos “progresista”? ¿Por qué en este momento? ¿Cuál debe ser la posición de los socialistas revolucionarios? ¿Cuáles son las tareas urgentes para la lucha social que se desprenden de la nueva situación política en el Paraguay y en el plano internacional?

Nuestra posición

Primero lo primero. Nuestra posición es clara y categórica: estamos absolutamente en contra del golpe y llamamos al movimiento de masas del Paraguay y de toda Latinoamérica a enfrentarlo y a derrotarlo en las calles, con su organización y movilización independientes.

Este es un golpe contra el movimiento sindical, campesino, popular y estudiantil. Es un ataque directo a las libertades democráticas conquistadas a lo largo de décadas de lucha popular. Estamos en contra del golpe porque, para nosotros, es el pueblo y sólo el pueblo quien decide si un presidente debe permanecer o ser derrocado. La acción del corrupto Parlamento paraguayo no es producto de ninguna presión popular, como fue el caso del proceso que derrocó a Collor de Mello en el Brasil, sino que responde a los mezquinos intereses de los grandes capitalistas del país. Este golpe ataca el más básico derecho democrático que tiene el pueblo explotado: elegir a sus gobernantes.

Esta oposición frontal contra el golpe, al mismo tiempo, no significa ningún apoyo político a todo lo que significó el anterior gobierno de Lugo que, como explicaremos enseguida, no hizo otra cosa que preparar, con su política de conciliación de clases, el terreno para el golpe.

La peor de las derrotas

La situación actual es complicada. Estamos en peores condiciones políticas para luchar. Franco comenzó diciendo que su principal tarea es “evitar una guerra civil” en el país. Con toda seguridad, si las luchas aumentan, se profundizará la represión y la criminalización de las luchas sociales, en el marco de un régimen político más cerrado.

Este golpe, como cualquier golpe de derecha, representa una derrota del movimiento de masas. Y no es cualquier derrota. Sufrimos, como decía Trotsky, la peor de las derrotas: la derrota sin lucha.

Y no hubo lucha ni resistencia popular a la altura del golpe porque el gobierno de Lugo, en sus casi cuatro años de gobierno había conseguido su objetivo central: confundir, desmovilizar y desmoralizar al movimiento social.

¿Por qué el golpe?

El principal motivo del golpe es que Lugo dejó de ser útil para la burguesía paraguaya en la tarea de contener las luchas sociales, fundamentalmente la histórica lucha por la tierra.

Lugo, por no haber cumplido con ninguna de sus promesas, estaba ya muy desgastado políticamente y no conseguía desviar o derrotar los conflictos en el campo con la misma eficiencia que al comienzo de su gestión.

Si bien no existe actualmente un gran ascenso en las luchas campesinas y sociales, en el último período comenzaron a manifestarse síntomas altamente preocupantes para la burguesía paraguaya.

Sectores del movimiento sin tierra, aunque minoritarios, se fueron radicalizando y desbordando a las direcciones luguistas. Este fue el caso del grupo de Curuguaty, donde ocurrió el enfrentamiento y la masacre en la que murieron 11 campesinos y 7 policías el pasado 15 de junio. La consigna de este sector sin tierra era “morir matando”.

Se iba configurando una situación de inestabilidad creciente en el campo, que irritaba a toda la burguesía.
En este sentido, es preciso entender que el problema de la tierra es un problema político central en el Paraguay.

Los negocios relacionados con la tierra son fundamentales para la acumulación capitalista en el país. El sector latifundista, ligado al agronegocio controlado por las multinacionales imperialistas, es el principal sector de la burguesía paraguaya. En este marco, la burguesía no podía tolerar que las ocupaciones de tierras fuesen en aumento. Mucho menos, que grupos de campesinos sin tierra anduvieran por ahí armados y matando policías.

Sobre todo en una situación de crisis económica. Según previsiones de la CEPAL, el Paraguay será el único país de América Latina cuya economía caerá en 2012, estimándose una contracción de 1,5% de su PIB. Durante el primer trimestre de 2012 la economía del país cayó 2,6%.

Toda clase dominante quiere estabilidad para hacer sus negocios y lucrar. Este es un criterio fundamental, por parte de los ricos, a la hora de definir el apoyo a un determinado gobierno.

En este sentido, es preciso tener presente que el gobierno de Lugo fue un gobierno burgués “anormal”. Su anormalidad –en la forma, no el contenido–, parte del hecho de que incorporó a sectores oportunistas del movimiento social y de la izquierda en su gabinete, además de ser visto por sectores de las masas como “su” gobierno.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de Lugo por ganar la confianza de la burguesía, ésta nunca abdicó de su papel de oposición de derecha a su gobierno, apuntando siempre a recuperar, en el momento y la vía más oportunos, el control total y directo del aparato estatal a través de un nuevo gobierno burgués “normal” o clásico.

¿Lugo es echado porque enfrentaba a la derecha?

La mayoría de la izquierda paraguaya y latinoamericana está diciendo que la causa del golpe en el Paraguay fue que Lugo estaba enfrentando los privilegios de los ricos y del imperialismo. Dicen que la derecha sacó a Lugo del poder porque impulsaba la reforma agraria contra la propiedad terrateniente y hasta que apoyaba la lucha de los campesinos sin tierra.

En el mismo sentido, los demás gobiernos que se dicen “progresistas”, nacionalistas burgueses o de conciliación de clases, se valen de la “denuncia” del golpe contra Lugo para agitar la idea de un supuesto peligro de “golpes de la derecha” contra ellos y, de esta forma, profundizar el apoyo que reciben del movimiento de masas o, por lo menos, debilitar a aquellos sectores que luchan contra sus planes. Esto lo vemos más claro actualmente en los discursos y en la política de Evo Morales para enfrentar las luchas sociales contra su gobierno.

Los socialistas revolucionarios debemos ser los mejores luchadores contra el golpe, debemos ser los campeones de la resistencia contra el gobierno golpista de Federico Franco. Pero, al mismo tiempo, es necesario explicar pacientemente que fue el propio Fernando Lugo el que preparó el terreno, facilitó y capituló vergonzosamente ante el golpe de la derecha reaccionaria paraguaya.

Para dios y para diablo

Lugo llegó al poder en 2008 quebrando la hegemonía política del Partido Colorado, entonces un partido-estado, de derecha, que gobernaba el país hacía 61 años, incluidos los 35 años que duró la sanguinaria dictadura de Stroessner.

El triunfo electoral de Lugo y la consecuente derrota del Partido Colorado fue una enorme victoria de las masas –aunque distorsionada por las elecciones– que estaban hartas de ese partido represor y entreguista. El pueblo tenía esperanzas de que las cosas fueran a cambiar. Existía mucha confianza en Lugo.

El ex obispo católico prometió, desde el comienzo, que iba a “gobernar para todos”: para empresarios y obreros, para latifundistas y sin tierras, para ricos y pobres. Proclamó estar “en el centro” y ser una “bisagra” entre la derecha y la izquierda. Coherentemente, conformó una amplia alianza electoral –que continuó cuando llegó al poder– sustentada en las fuerzas del conservador Partido Liberal (el otro partido de la derecha tradicional). Toda la izquierda, menos el PT paraguayo, le otorgó apoyo político incondicional al gobierno de Lugo-PLRA y participaron de su gabinete, encabezando algunos ministerios menores ligados con la implementación de políticas asistencialistas y otros cargos (los principales siempre fueron para los liberales).

El problema es que toda la historia ha demostrado que no es posible gobernar, al mismo tiempo, en favor de dios y del diablo.

Es así que Lugo, rápidamente, tuvo que mostrar su verdadera cara. Demostró que era un gobierno al servicio de los ricos, del agronegocio y del imperialismo. Demostró que tenía la misma política económica neoliberal y represiva de los colorados, pudiendo incluso avanzar más que ellos en su aplicación debido al engaño con el que mantenía la confianza de las masas populares.

La única diferencia con los colorados, insistimos, no era de contenido sino de forma: Lugo hacía todo lo que hacía –o dejaba de hacer– con la máscara de “progresista”, que la propia izquierda, completamente integrada a la administración del Estado capitalista, le ayudaba a sujetar o remendar. Lugo era un lobo vestido de cordero; el caballo de Troya de la derecha en filas de la izquierda.

¿Hubo reforma agraria?

Pese a haber sido una de sus principales promesas, Lugo no avanzó nada en lo que respecta a la reforma agraria. Lugo garantizó, cooptando a las direcciones del movimiento campesino o directamente reprimiéndola, la gran propiedad latifundista de los sojeros nacionales, “brasiguayos” y de las empresas multinacionales que dominan el agronegocio.

Esta estructura latifundista es, según la FAO, la más desigual del mundo, donde 85% de las tierras están en manos de 2% de los propietarios.

La economía del Paraguay, altamente dependiente de las fluctuaciones del mercado mundial y hasta del “humor” de la naturaleza, se basa casi completamente en el modelo semicolonial de monocultivo de soja y otros commodities para la exportación, en un ciclo de producción y comercialización dominando por empresas imperialistas.

Paraguay es, actualmente, el cuarto productor y exportador de soja y el noveno de carne en el mundo. Los empresarios ligados al agronegocio, gracias a la “paz social” que les garantizaba Lugo, obtuvieron en 2010 ganancias récords. En ese año, el PIB de Paraguay creció 15%. Sin embargo, por el propio carácter dependiente de su economía, en 2011 éste bajó a 3,8%, y para este año se prevé una caída de 1,5%.

Sin embargo, mientras los ricos amasan fortunas el pueblo trabajador pasa hambre. Actualmente 32,4% de la población es pobre y 18% vive en la extrema pobreza (menos de U$S 2 por día). En el campo, la pobreza llega a 50%.

Represión y criminalización de la lucha social

Pero no todo fue cooptación. Lugo aplicó una política represiva que poco o nada tiene que envidiar a los anteriores gobiernos colorados. Durante su mandato, según denuncias de organismos de DDHH, mató a 20 dirigentes o activistas campesinos, incluyendo su último servicio a los latifundistas, donde la policía a su cargo asesinó a 11 campesinos sin tierra.

Su gobierno abrió procesos judiciales a centenas de luchadores sociales. Ilegalizó varias huelgas en la ciudad.

Además de esto, militarizó varias veces la zona norte del país, llegando a declarar el estado de sitio. Fortaleció enormemente el aparato de las FF.AA, comprando nuevas y modernas armas y equipamientos, entre ellos, equipos de escucha telefónica de Israel para la inteligencia (espionaje) policial. Incorporó también a una serie de asesores norteamericanos y colombianos en los aparatos represivos.

He aquí el colmo: Lugo presentó y defendió, hasta que logró su aprobación, la siniestra ley “antiterrorista”, que era altamente exigida por los EE.UU. desde 2001.

La misma entrega al imperialismo

También presentó y defendió, ante el mismo Parlamento que lo destituyó, proyectos de ley para privatizar los aeropuertos internacionales, y estaba en los planes la privatización de las principales rutas del país y hasta el mismísimo paso comercial por el río Paraguay. Mandó tropas paraguayas para fortalecer la ocupación imperialista en Haití y fue a visitarlas para darles fuerza.

Renunció, además, a otra de sus promesas electorales centrales: la renegociación del ignominioso Tratado de Itaipú, la hidroeléctrica “binacional” entre el Paraguay y el Brasil. Este Tratado, firmado en 1973 por las dictaduras militares de Stroessner y Garrastazu Médici, dice que cada país es dueño de 50% de la energía que produce la Itaipú. El problema está en que el Paraguay, por carecer de condiciones técnicas y de infraestructura, sólo aprovecha e 5% de su parte, estando obligado por ese Tratado a vender el 45% restante sólo al Brasil, a un precio de costo.

Lo máximo que “conquistó” Lugo fue un aumento de 240 millones de dólares en la cuota anual que el Brasil paga al Paraguay por el uso de su energía. Con esto, Lugo renunció a revisar el Tratado hasta 2023.

El robo, sin contar la deuda espuria que el Brasil inventó que el Paraguay debe pagarle, es escandaloso: Paraguay recibe así U$S 360 millones, cuando si pudiese vender su parte de la energía a precio de mercado, debería recibir U$S 3,9 mil millones.

Como un limón…

Lugo, por todo un período, fue bastante útil para la burguesía paraguaya. Su mayor aporte a los ricos fue haber confundido, desmovilizado y desmoralizado al movimiento de masas, sea a través de la cooptación, sea a través de la represión directa.

El papel y el destino político de Lugo se ajusta a la comparación con un limón exprimido. Mientras Lugo contuvo las luchas sociales con eficiencia, la derecha, si bien no dejó de hacer oposición, lo toleraba como un “mal necesario”. Cuando vieron que Lugo ya no conseguía este cometido como antes y viendo que la reacción popular contra una posible destitución sería escasa, debido justamente al desgaste que Lugo acumuló sirviendo tan fielmente a la burguesía, la derecha tomó la decisión de retomar el poder directamente. El limón exprimido, sin más jugo que ofrecer, fue lanzado al basurero.

Fue el propio Lugo, con su política de conciliación de clases, el que preparó el camino para el golpe. Es por la combinación entre la política de Lugo al servicio de la derecha y el propio desgaste de su figura que no hubo ni existe una resistencia efectiva contra el golpe.

Lugo capitula ante el golpe

Lugo continúa cumpliendo ese papel desmovilizador y desmoralizador. Su posición, consumado el golpe, fue de completa y vergonzosa capitulación. El ex obispo aceptó de forma repudiablemente sumisa y pasiva el golpe de la derecha.

Lugo, en su afán de desinflar cualquier tipo de lucha popular, dice que toda resistencia debe ser “pacífica” y “respetuosa de las leyes”, pero que “sólo un milagro” podría hacer que él retornase al poder. ¿Quién saldría a las calles a resistir, luchar y arriesgarse a enfrentar la represión de un gobierno golpista para defender a alguien que ni se defiende a sí mismo?

Estuvo en contra hasta de las falsas amenazas o posibilidades de que el Mercosur impusiera sanciones económicas al gobierno golpista. Explicó su nuevo papel y política diciendo que se declaraba un “observador” de las acciones de Franco y del gabinete golpista.

Todo lo que fue el gobierno de Lugo hasta su política actual después de haber sufrido un golpe de Estado es un ejemplo fantástico del carácter intrínsecamente reaccionario de estos gobiernos “progresistas” de conciliación de clases. Ellos prefieren morir o ser echados a patadas de forma humillante por la derecha más recalcitrante antes que llamar a la movilización de las masas. Respetan y defienden las instituciones y leyes burguesas hasta en el momento en que ellas están siendo usadas en su contra.

Lugo no tiene ningún interés en movilizar ni enfrentar el golpe porque, como todos los demás sectores burgueses, el Mercosur y el imperialismo, quiere evitar cualquier tipo de inestabilidad y conducir toda la crisis por la vía muerta de las elecciones burguesas, convocadas para el 21 de abril de 2013 y para las cuales él ya anunció su candidatura a senador o, incluso, a presidente. Es claro que esta política legitima el golpe reaccionario.

Como parte de toda esta política, está el Frente Guasu1, aunque aún desconcertado por haber sido desechado por su aliado estratégico, el conservador PLRA. Fue vergonzosa la postración programática y política durante los años de gobierno de Lugo-PLRA que por cargos, acumulación sectaria y prebendas, se tiraron a cuerpo gentil a los brazos del programa burgués del neoliberalismo con asistencialismo.

Hoy, el Frente Guasu tiene como única mira las elecciones de 2013 y mantiene su planteamiento de volver a reeditar –refritar–, la propuesta de amarrarse a Lugo, ahora quizás encabezando la lista de senadores y con un programa de conciliación de clases igual al que sostuvieron durante el gobierno del ex obispo; gobierno y programa que demostraron ser nefastos para el desarrollo de la lucha popular y que sólo fortaleció a la derecha.

¿Cuál es la política del imperialismo, el Brasil y el Mercosur?


El imperialismo norteamericano y los gobiernos del Mercosur, comenzando por el Brasil comandado por Dilma y el PT de Lula, también están con la política de legitimar el golpe y canalizar la crisis por la vía de las próximas elecciones paraguayas en 2013.

El Mercosur sólo aplicó una sanción política –vale decir, simbólica sanción política–, al suspender al Paraguay de la participación de las instancias de decisión del bloque. Ninguna sanción económica fue tomada. Por el contrario, un día antes de la Cumbre que suspendió al Paraguay, el Mercosur entregó U$S 66 millones del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) al gobierno golpista de Franco.

Es fundamental la exigencia de ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con el gobierno golpista paraguayo tanto a Dilma como a los demás gobiernos del Mercosur que se presentan como “progresistas”. Deben ser aplicadas severas sanciones económicas al gobierno de Franco. Es preciso asfixiar su gobierno ilegítimo. El 55% de las exportaciones paraguayas tiene como destino el Mercosur, y de ellas 36% tiene al Brasil como comprador.

En este sentido, la posición de Dilma/Lula es vergonzosa. En lugar de enfrentar el golpe, el gobierno brasileño prioriza sus exportaciones al mercado paraguayo y defiende los intereses de los más de 400.000 brasiguayos, que en su mayoría son grandes latifundistas y sojeros. Entre los brasiguayos más conocidos está, por ejemplo, Tranquilo Favero, que es llamado “el rey de la soja”. Posee más de 100.000 hectáreas de tierra y 40.000 cabezas de ganado vacuno en 13 de los 17 departamentos del país, de las cuales 45.000 están mecanizadas, y exporta cada año 120.000 toneladas de soja. Otro de ellos, Ulises Rodrigues Teixeira, posee más de 22.000 hectáreas.

¡Derrotemos el golpe en las calles!

La tarea central del momento es derrotar el golpe reaccionario en las calles, con organización y movilización populares. La principal consigna de todo el movimiento de masas y de las izquierdas debe ser: ¡Abajo el golpe parlamentario! ¡Abajo el gobierno golpista de Franco!

Para esto, es urgente y necesario impulsar la más amplia unidad de acción contra el golpe. Impulsar de forma unitaria todo tipo de acciones contra el golpe, por más pequeñas que puedan ser al comienzo. El movimiento social debe hacer la vida imposible al gobierno de Franco.

En este sentido, exigimos al propio Fernando Lugo que convoque a la resistencia en las calles; que llame a resistir el golpe con movilización popular y ocupaciones de tierra, que genere un gran movimiento contra el golpe recorriendo todo el país. La lucha por derrotar el golpe significa, en la práctica, luchar por su inmediata e incondicional restitución de Lugo en el cargo de presidente. La misma política debemos exigir a los partidos de izquierda, reunidos en el Frente Guasu y que apoyan a Lugo, que lamentablemente hasta ahora no se juegan con todo a movilizar para derrotar el golpe.

La más amplia y sistemática solidaridad internacional será decisiva en esta lucha. Se han realizado actos contra el golpe en diferentes países de varios continentes. Todo el movimiento de masas y la izquierda mundial debe luchar y exigir a sus gobiernos la ruptura inmediata de relaciones diplomáticas y comerciales con el gobierno de facto paraguayo.

De forma paralela a la más tenaz lucha contra el golpe, es preciso explicar pacientemente cuál fue el carácter del gobierno de Fernando Lugo. Explicar cómo fue el propio Lugo quien preparó la derrota del movimiento social paraguayo. Es preciso conocer y debatir el papel nefasto de la política de conciliación de clases.

El drama paraguayo es central para comprender que una alianza con la derecha, con nuestros enemigos de clase, lejos de representar “el primer paso al socialismo”, como predicaba la izquierda luguista, sólo nos deparará derrotas trágicas.

El golpe en Paraguay nos muestra, ante todo, que no es posible gobernar “para todos”, para ricos y pobres, porque tenemos intereses antagónicos. En este sentido, debemos defender más que nunca, como una necesidad vital, la independencia de clase, la independencia política de la clase trabajadora del campo y de la ciudad, que sólo debe confiar en sus propias fuerzas y en su movilización independiente.


 

 
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