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  El acuerdo climático se encamina al fracaso
 
Acuerdo climático se encamina al fracaso

PSTU - BRASIL

Jeferson Choma y Denis Ometto de São José dos Campos

 

Camina para un retumbante fracaso la Conferencia de la ONU sobre el clima, que será realizada en Copenhague, capital danesa, entre los días 7 a 18 de diciembre.


La reunión, considerada la más importante desde la realizada en Kioto[1], en 1997, casi seguramente no logrará un nuevo acuerdo entre los países sobre emisiones de los gases invernadero (por ejemplo, el dióxido de carbono - CO²). Esto es así porque el principal contaminador del mundo, Estados Unidos, se rehúsa a firmar cualquier acuerdo sobre el tema. El pasado 15 de noviembre, el presidente estadounidense Barack Obama, al lado de otros líderes, declaró que el encuentro debe resultar sólo en una declaración "políticamente vinculante", es decir, una declaración de intenciones sin valor jurídico y absolutamente genérica.
Una vez más,  EE UU está impidiendo la aplicación de cualquier política para revertir la actual catástrofe ambiental. Para preservar las ganancias de sus empresas, se rehúsan a firmar, incluso, un acuerdo menor.


En verdad, Obama repite una práctica muy habitual de la administración republicana de George W. Bush, a pesar de su discurso de campaña prometiendo revertir la política ambiental de su país. El gobierno Bush se rehusó a asumir las metas del Protocolo de Kioto, a pesar de que eran extremadamente bajas y totalmente insuficientes para revertir las emisiones de "gases invernadero". Kioto preveía una reducción promedio de 5,2%, entre 2008 y 2012, de las emisiones de los gases que provocan el efecto invernadero, mientras científicos del Panel Intergubernamental en Mudanza del Clima (IPCC) defienden una reducción del 50%. El acuerdo fracasó cuando Bush se rehusó a ratificarlo, alegando perjuicio para su industria. Ahora. Obama hace lo mismo, echando una pala de cal bajo Copenhague.


Barbarie ambiental


Vivimos una verdadera barbarie ambiental. La temperatura promedio del planeta subió asustadoramente a partir de la Revolución Industrial, en el siglo XVIII, llevando a alteraciones climáticas profundas que, a su vez, están causando sequías, grandes inundaciones, transformando hábitats y provocando enfermedades. Ese escenario es irreversible y, para frenar el proceso, será necesaria una reducción de los niveles de emisión de CO² como recomienda el [IPCC].

Además de las insignificantes metas de reducción decididas por los acuerdos y conferencias internacionales, la matriz energética del sistema capitalista continúa basada en el petróleo, aunque ya exista la tecnología necesaria para pasar a utilizar "fuentes limpias" [no contaminantes]. Sin embargo, el capitalismo es incapaz de cambiar su matriz energética sin que eso no resulte en una gran catástrofe para la humanidad.


La escasez de agua potable accesible es hoy un hecho incontestable y poblaciones enteras no tiene más acceso a ella. El problema es tan grave que representantes de 150 países estuvieron reunidos en Estambul, Turquía, en marzo de 2009, en una conferencia llamada "Foro Mundial del Agua".


En el capitalismo, sin embargo, la preocupación de estos señores no era calmar la sed de las personas, sino encontrar medios para que no faltase agua para el desarrollo industrial. En esa línea, la solución para ellos fue la sugerida por el Banco Mundial, consistente en crear mecanismos que posibiliten la entrega de la administración de ese recurso natural al sector privado. Es decir, cada vez más, el agua tendrá pocos o un solo dueño.


Hoy, prácticamente, el agua que no está contaminada por las deyecciones de la economía capitalista es dotada de valor económico. En la práctica, si quieres beber agua limpia, tiene que pagar.

La hipocresía del gobierno Lula

 

Brasil viene contribuyendo cada vez más con las emisiones de gases-invernadero. Mientras en

las naciones más industrializadas, las emisiones provienen, sobre todo, de la quema de combustibles fósiles causados por la industria, en Brasil, el mayor problema es el avance de las quemas y de la deforestación, promovidos por empresarios madereros y por el agronegocio. Lula, al aliarse a los latifundistas, no viene realizando nada para la reducción de ese cuadro.

El gobierno Lula le regala sumas astronómicas a las empresas que explotan monocultivos, en especial soja, ganado, eucalipto y caña de azúcar, destruyendo labranzas y desalojando una enorme población campesina.


Todo esto aumentó la deforestación debido a la rapiña de los latifundistas y sojeros que vienen actuando en la Amazonia, derribando bosques para la explotación ilegal de madera y plantación de soja, garantizando así los grandes lucros del agronegocio. Como si no bastase, Lula además liberó los cultivos transgénicos y aflojó parte de la legislación ambiental para proporcionar más lucros.

Los representantes del agronegocio quedaron tan a gusto con este gobierno que ahora pretenden cambiar hasta el Código Ambiental brasileño. Entre otras medidas, los cambios, capitaneados por el actual ministro de Agricultura, Reinhold Stephanes, junto a la "bancada rural" en el Congreso, pretenden reducir de 80% para 50% las áreas que no pueden ser devastadas en la llamada Amazonia Legal.


Por todo ello, es una total hipocresía cuando el gobierno habla de un baja del 80% de la deforestación de la Amazonia. También es hipócrita el anuncio de reducción "voluntaria" de 36,1% a 38,9% de sus emisiones de CO2 hasta 2020, propuesta que será presentada por Brasil en Copenhague.


Incluso Luiz Alberto Figueiredo, jefe de la delegación brasileña en las negociaciones que anteceden a la conferencia, dice que la propuesta "no será una meta" de las acciones del gobierno. Es decir, estamos delante de otra declaración de intenciones.


Para continuar existiendo, y garantizar el privilegio de pocos, el capitalismo continuará avanzando sobre áreas que deberían ser protegidas, usurpará recursos vitales, utilizándolos como materias primas, y además privatizará todo lo que sobrar de la naturaleza. Así es el capitalismo, un sistema donde no espacio para ningún tipo de "sustentabilidad".



[1] Allí se firmo el Protocolo de Kioto con algunas débiles medidas para reducir la emanación de gases contaminantes. EE.UU. no lo firmó.
 
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