FRENTE AL CAPITALISMO EN CRISIS SOLO HAY UNA ALTERNATIVA: REVOLUCIÓN SOCIALISTA!
   
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  8 de Marzo Día Internacional de la Mujer
 
8 de Marzo - Día Internacional de la Mujer

CECÍLIA TOLEDO

El día 8 de marzo de 1857, las obreras textiles de Nueva York salieron a las calles para protestar contra las pésimas condiciones de trabajo y los salarios miserables. Al volver, reunidas en el interior de la fábrica, fueron sorprendidas por un acto criminal de los patrones, que dieron la orden de incendiar el local. El resultado fue la muerte de 129 trabajadoras, cuyos cuerpos quedaron carbonizados.
Era el inicio de la industrialización, entre 1860 y 1914, cuando el capitalismo comenzaba a implantar la maquinaria y a concentrar gran número de trabajadores en las fábricas. Para sacar el máximo de ganancia de las máquinas, los burgueses ponían a trabajar no sólo a los hombres, sino a familias enteras, mujeres y niños pequeños. Era uma explotación brutal: las mujeres trabajaban 16 horas por día, dejando a sus hijos pequeños solos en casa, a cambio de salarios ínfimos, la mitad de lo que se pagaba a los hombres.
El crimen sacudió a la clase trabajadora de toda Europa y la Conferencia de las Mujeres Socialistas de la II Internacional, en Copenaghe, en 1910, escogió el 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer, por propuesta de Clara Zetkin, militante socialista alemana.
Ya pasaron 150 años de aquel 8 de marzo sangriento y debemos preguntarnos: ¿cómo viven las mujeres trabajadoras hoy, en el mundo capitalista? Desde entonces, el capitalismo se transformó en imperialista, expandió sus tentáculos y su dominio al mundo entero, la explotación se volvió mundíal y unió a todos los trabajadores contra un sólo enemigo. Nadie está libre de la explotación, de la rapiña, de las masacres y de la prepotencia de los grandes conglomerados imperialistas. Una pandilla de millonarios, dueños de empresas poderosísimas, construidas con negociados de todo tipo, y protegidos por instituciones que ellos mismos crearon, como la ONU, hizo del mundo un lugar insoportable para millones de hombres y mujeres. Un puñado de grandes potencias imperialistas, sustentadas a costa de la sangre y el sudor de millones de trabajadores y trabajadoras despojados de las condiciones básicas de sobrevivencia, disputan entre sí el derecho de aprovecharse mejor de nuestras riquezas, sin importarles las consecuencias ni la vida de pueblos enteros.
¿Entonces, el sacrificio de las 129 mártires de Nueva York fue en vano? No. Ellas luchaban por su dignidad, en una época en que eso valia muy poco para el capital. En su ansia por ganancias, el capital pasaba por encima de todo y de todos. Las mujeres fueron incorporadas en masa al trabajo productivo. Eso fue una gran conquista para la mujer. Bajo la influencia del trabajo en la fábrica, se ampliaban sus horizontes. Ella se transformaba en una persona más instruida, más independiente y se liberaba de las trabas de la familia patriarcal. Así, la gran industria creó las bases para la plena emancipación de la mujer. Ella adquiría un papel en la producción social, antes exclusivo del hombre.
Pero el capitalismo es un sistema de rapiña y, por eso, incluso las ventajas que ofrece se transforman rápidamente en desvantajas. Como una varita mágica al revés, que todo lo que toca lo vuelve oro, el capital todo lo que toca, lo transforma en explotación e infelicidad.

Más trabajo, menos salario

La entrada en la fábrica, tan importante para su emancipación, se transformó en un infierno para la mujer. Ella dejaba su vida en las máquinas, trabajaba con agua hasta las rodillas, era obligada a abandonar a los hijos a su propia suerte. En el campo, las mujeres eran explotadas por los hacendados, violentadas por los capataces y tenían que soportar una vida de embrutecimiento y opresión dentro de la familia patriarcal y conservadora. 
Las mujeres ya alcanzan el 40% de la fuerza de trabajo en diversos países. Pero para ellas están reservados los trabajos precarios, los empleos de medio período, sin ningún tipo de estabilidad. En los países imperialistas, como EE.UU. e Inglaterra, el 85% de la mano de obra femenina está en el sector de servicios. En América Latina, el 50%, en promedio, de la mano de obra femenina está en el sector de servicios, cerca del 20% en la agricultura, otro 20% en el sector público y apenas el 10% en la industria.
Eso demuestra que en los sectores de la economía donde hay más capital intensivo, como las actividades de planeamiento y concepción, que requieren conocimientos técnicos, hay predominancia de la mano de obra masculina. Donde hay concentración de trabajo intensivo, manual y repetitivo, predomina la mano de obra femenina. Y con una carga de explotación elevada, como ocurre en las empresas maquiladoras de México y otros países de América Central. Son trabajos precarizados, donde las mujeres son tratadas como esclavas y están expuestas a un nivel de violencia sexual sólo comparable a la barbarie.
En todos los países del mundo, las mujeres, desempeñando las mismas funciones que los hombres, trabajan más horas y ganan, en promedio, un 30% menos. En EE.UU. y en 15 países de Europa, las mujeres trabajan cada semana por lo menos dos horas más que los hombres. En otros países, esa diferencia es de cinco a dies horas.
En EE.UU.,  ganaban el 60% del salario de los hombres, en 1960, y pasaron a ganar el 72%, en 1991. En el Reino Unido, esa cifra era del 69% a mediados de los años 80; en Alemania, subió de 72%, en 1980, al 73% en 1991. En Japón, ganan el 43% del salario masculino, en Corea 51%, en Singapur 56%, en Hong Kong  70% y un 45% en América Latina.
En Brasil, según datos de la CUT, una mujer con siete años de estudio gana en promedio el mismo salario que un hombre analfabeto. Incluso en el sector de comercio y servicios, donde las mujeres son mayorìa, el ingreso es 30% inferior al de los hombres. En las industrias del Gran San Pablo, sólo 13% de las mujeres ocupan cargos de jefgatura y apenas el 1,9% de los empleados son mujeres.
En cuanto al trabajo doméstico, datos de las Naciones Unidas muestran que, en la mayor parte de los países del mundo, el tiempo consagrado por las mujeres a las tareas no-remuneradas duplica el consagrado por los hombres, presentando a veces diferencias muy superiores, como en Japón, donde las mujeres dedican nueve veces más tiempo que los hombres al trabajo no-remunerado. En los países imperialistas, las mujeres realizan entre dos tercios y tres cuartos de las tareas domésticas, dedicando 30 horas por semana o más contra 10 o 15 de los hombres.

Trabajo doméstico, violencia y falta de perspectivas

A pesar de trabajar más y ganar menos, las mujeres, en todos los países del mundo, sin excepción alguna, son víctimas de una violencia que se agrava cada dia: violencia doméstica, violencia sexual, violencia cultural y religiosa o violencia contra su salud física y psicológica.
La violencia doméstica es el principal problema de las mujeres latinoamericanas. El 25% de ellas ya sufrieron algún tipo de violencia en casa. En Brasil, por ejemplo, cada 4 minutos, una mujer es agredida en su propio hogar por el padre, marido, hermano o compañero. Los números muestran que el 70% de las agresiones ocurren dentro de casa y que el agresor es el propio marido o compañero. Más del 40% de las agresiones provocan lesiones corporales graves como resultado de cachetazos, patadas, ataduras, quemaduras, palizas y estrangulamientos. Uno de cada 5 días de trabajo perdidos por las mujeres se origina en algún problema de salud causado por violencia.
Un informe de la Unicef muestra una relación directa entre la situación económica de la mujer y la violencia. Las que ganan menos, son más golpeada. Las que no tienen renta propia son las mayores víctimas.
En Brasil y otros países de América Latina y el Caribe, la prostitución infantil es una prática común, con un "turismo sexual" generalizado, que expone a mujeres y niñas a todo tipo de agresión y enfermedades venéreas. Los medios de comunicación colaboran con el incremento de los índices de violencia porque banalizan el sexo y cultivan la idea que la mujer es un objeto sexual que está a disposición de todos.
En África, la práctica de la mutilación genital causa la muerte de millares de mujeres jóvenes que quedan expuestas a enfermedades, además de cargar un trauma psicológico para el resto de su vida. En los países musulmanes, son comunes el asesinato o las palizas a mujeres por los motivos más mínimos, como rehusarse a cubrir el rostro o conversar con un hombre en la calle. Los "crímenes en defensa de la honra" están creciendo en todo el mundo. En India, 5 mil mujeres mueren asesinadas anualmente, cuando sus dotes de casamiento arreglados son consideradas insuficientes por los suegros.
En muchos lugares del mundo, las posturas nefastas de algumas iglesias, entre ellas la católica, contribuyen para agravar el preconcepto, el machismo y la opresión sobre la mujer, con sus campañas contra el uso de preservativos, dejando a la mujer expuesta a enfermedades venéreas, como el Sida, y a la gravidez indeseada. 

El riesgo de muerte durante la gravidez y el parto es 33 veces más alto em los países semicolonales que en los países imperialistas. En todo el mundo, 515.000 mujeres mueren cada año en la gravidez o en el parto (casi una muerte por minuto). En los países imperialistas, la media es de 1 muerte cada 2 mil mujeres, mientras que en los países semicolonales es de 1 cada 65 mujeres. 
Si en Italia hay 1 muerte cada 6.261 mujeres grávidas, en Etiopia se produce 1 cada 7 mujeres y en Brasil, 1 cada 128. En América Latina, el 30% de los embarazos terminan en aborto. Así, cada año, 4 millones de mujeres se someten a un aborto inducido. De promedio, una mujer se hace entre 2 y 3 abortos durante el período reproductivo. En Brasil, son 1,5 millones anuales y el 10% de ellas mueren o quedan con secuelas graves. Más de un millón de mujeres son hospitalizadas cada año por complicaciones originadas en abortos. En América Latina, el aborto sólo es legal en casos de violación o riesgo de vida para la madre. En todo Brasil, apenas 12 hospitales públicos practican el aborto legal.  La prohibición del aborto está prevista em el Código Penal Brasileño, que data de 1940. El aborto provocado por la gestante, o con su consentimiento, es pasible de pena de detención de 1 a 3 años.
La violencia contra la mujer está profundamente ligada a las condiciones de vida degradantes de hombres e mujeres. Un informe de la ONU muestra que las mujeres representan el 70% del total de las personas que viven en situación de miseria absoluta en el mundo. El desempleo en masa hace que el hombre se torne más agresivo e inferiorizado en su machismo.
Por eso, casas-abrigo que las protejan contra la violencia doméstica, mejorías urbanas, como iluminación pública y transportes de calidad, legalización del aborto, atención a la salud de la mujer, orientación sexual y distribución gratuita de preservativos, son banderas urgentes para todas las mujeres.
La mujer negra es cotidianmente víctima de la combinación entre machismo y racismo. Por eso, defendemos también una política específica para las mujeres negras que apunte a combatir el desempleo, la violencia y la baja formación escolar que afectan particularmente a la población femenina negra.
Condenamos la utilización del estereotipo de la mujer negra como "producto de consumo y exportación", ampliamente divulgado por los medios de comunicación que, en última instancia, incentiva los frecuentes ataques sexuales sufridos por las mujeres negras y (debido a las presiones socioeconómicas) es responsable de un enorme número de mujeres negras prostituidas. Condenamos también la esterilización generalizada, que, alimentada por la política del "emblanquecimiento", afecta particularmente a las mujeres negras.
En muchos países del mundo, la mujer negra es la base de la pirámide social, recibe salarios bajísimos y forma un gran ejército de reserva de fuerza de trabajo del capitalismo, es la primera en ser despedida y es blanco número uno de la violencia social.

Combatir la causa de fondo: la explotación de la clase trabajadora

La mayor prueba de que la explotación capitalista es la causa fundamental de la situación degradante en que se encuentra la mujer en el mundo entero fue dada por la revolución socialista en Rusia, en octubre de 1917. Sólo ella conseguió emancipar a la mujer, sólo ella significó una revolución también en la situación de la mujer en todo el mundo. Por primera vez un país tomaba medidas concretas para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. 
La revolución de 1917 encontró millares de mujeres rusas en las fábricas. La guerra las había empujado hacia el mercado de trabajo y, en 1917, la tercera parte de los obreros industriales de Petrogrado eran mujeres. En las áreas de producción textil de la región industrial del centro, el 50% o más de la fuerza de trabajo estaba compuesta por mujeres.
Ellas participaron activamente de la revolución socialista y con ella conquistaron mucho más que derechos democráticos. Conquistaron leyes que garantizaron que el salario femenino sería igual al masculino por el mismo trabajo. Tanto que, al finalizar la Segunda Guerra, contrariamente a lo que ocurrió en los países capitalistas, en la URSS se conservó la mano de obra femenina y se buscaron los medios para que tuviera mayor calificación.
Fueron abolidas todas las leyes que colocaban a la mujer en situación de desigualdad con relación al hombre y se creó una amplia red de servicios públicos, incluyendo lavanderías, guarderías y restaurantes, que posibilitaron la liberación de la mujer de las tareas domésticas.
Fueron abolidos también todos los privilegios ligados a la propiedad que se mantenían en provecho del hombre en el derecho familiar. Fueron introducidos decretos estableciendo la protección legal para las mujeres y los niños que trabajaban, el seguro social y la igualdad de derechos para las mujeres con relación al matrimonio.
Las mujeres conquistaron el derecho al aborto legal y gratuito en los hospitales del Estado. Pero no se incentivaba la práctica del aborto y quien cobraba para praticarlo era punido. Fueron atacadas las causas de la prostitución mejorando las condiciones de vida y trabajo de las mujeres.
De esta forma, la Rusia soviética, sólo en los primeros meses de su existencia, hizo más por la emancipación de la mujer que el más avanzado de los países capitalistas en todos los tiempos.

Rescatar la fuerza de la revolución socialista

Las mujeres rusas dejaron una lección para las mujeres del mundo entero. Ellas apuntaron el camino para nuestra liberación. Debemos retomarlo.
Numerosas ONGs y otros grupos que participan de los movimientos de mujeres, entre ellos la Marcha Mundíal de Mujeres, intentan desviarnos de este camino. Nos quieren convencer de que no es necesario luchar por el socialismo, porque entienden que es posible emancipar a la mujer dentro del capitalismo. Por eso, apoyan a los gobiernos de turno y todas sus políticas que, en el fondo, sólo significan una mayor explotación para la mujer y la clase trabajadora de conjunto.
Nos quieren convencer de que ahora la mujer tiene "más espacio" y ocupa puestos de dirección en las empresas y en los governos. Pero no es verdad. Se cuentan con los dedos las mujeres con cargos directivos en las empresas y en los governos. Y, en general, ellas están allí para explotarnos aún más y para oprimir a los pueblos del mundo. Un ejemplo es Condolezza Rice, en el gobierno de Bush: es negra y mujer, pero es una de las mayores representantes de la política asesina, racista y patriarcal del imperialismo americano. Ella es el mayor exemplo de que ser mujer no garantiza que se gobierne de modo distinto que un hombre. Porque el problema no es de género sino de la clase social y del régimen político y económico en el cual ella actúa. En Chile y otros países, por ejemplo, tenemos mujeres que se dicen "progresistas" actuando como ministras y otros cargos importantes. Pero el hecho de que sean mujeres no cambia nada, porque si ellas actúan como ejecutivas de un Estado burgués y opresor, no pueden huir de la lógica de este Estado y de este régimen, y gobiernan para el capital, manteniendo las bases de la opresión y de la explotación.

Nosotras, mujeres trabajadoras y pobres de las ciudades y del campo, de todos los países del mundo, sólo podemos confiar en nosotras mismas y en nuestra clase, para luchar contra la explotación y la miseria, que son las verdadeiras causas de nuestra opresión. Tenemos que luchar contra el desempleo, por mejores salarios, por igualdad salarial, por guarderías para dejar nuestros hijos, por la licencia por maternidad y otros derechos inalienables. Tenemos que enfrentar todas las formas de machismo, denunciando a los governos como cómplices y reproductores de este preconcepto nefasto.
En este 8 de marzo de 2006, tenemos que transformar, uma vez más, el Día Internacional de la Mujer en un día de lucha para el conjunto de la clase trabajadora mundíal contra el capitalismo y el imperialismo. Tenemos que levantar nuestra voz para repetir que el capitalismo y la democracia burguesa no son las salidas para la situación humillante en que se encuentra la mujer en pleno siglo XXI. La única salida para la mujer trabajadora y pobre, de la ciudad y del campo, en todos los países del mundo, es participar del movimiento revolucionario. Sólo la victoria de la clase obrera y la construcción del socialismo podrán colocar a la mujer en el camino de su emancipación definitiva y establecer la plena igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.


 
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